Las Esferas del Conocimiento

En cuanto a las metáforas concierne, de las más útiles que se pueden tener son las “meta”: las que pintan la relación entre el individuo, la Verdad y las diferentes representaciones posibles (mundos). Manejamos de forma general una analogía muy poderosa cuando hablamos de las ramas de la ciencia, imaginando la Ciencia como un Árbol.



Esa es una muy buena metáfora al ser usada para referirse al Conocimiento en sí mismo, a la Verdad inmutable que se desprende de lo Inmanente, algo que surgió y después queda estático y fijo, permanente en el tiempo. Sin embargo, para referirnos al conocimiento parcial, a estas ciencias menores, a las concepciones que tejemos y las aproximaciones que forzamos a tener coherencia, la metáfora de lo fijo sería engañoso. Es por esto que me gustaría proponer una más útil, que bien represente lo móvil e interconectado: las esferas que se compenetran. La palabra clave es la de centro, o eje.



La ciencia humana e individual funciona a base de revoluciones (la vuelta de la esfera). Es cuando se cambia un entendimiento por otro desde su raíz —ya sea a través de la rotación o, más radicalmente aún, cambiando una esfera por otra— cuando realmente se progresa. La búsqueda del conocimiento corresponde, entonces, a buscar esas revoluciones; a pensar más allá de lo ya pensado, por lo que es vital tener una visión no fija de nuestra realidad. La fijación crea un espejo de estabilidad que, aunque bien podría ser útil en ocasiones, siempre resulta temporal porque lo único inmutable es la Ciencia verdadera.


Nuestras aproximaciones, al venir desde percepciones limitadas, siempre son susceptibles a revolucionarse. He ahí el valor inmenso del pensamiento creativo, alterno y hasta extraño. Esta suma de esferas, cada una un mundo en sí mismo, crea un pequeño universo, habitado por cada individuo.




Más allá de las limitaciones y los huecos que hay en nuestro entendimiento, al haber distorsiones de percepción no resueltas, surge un serio problema cuando se pretende juntar varios universos y socialmente tejer una visión coherente y válida del Universo verdadero. Los problemas de comunicación no son pequeños: ¿cómo expresarle algo complejo y desconocido a alguien más? ¿Cómo le explico los colores a alguien que ha nacido ciego? Intelectualmente se puede hacer una idea, pero realmente no conocería el color hasta que fuera parte de su vivencia, hasta que lo haya experimentado. Si no, el conocimiento será parcial y habrá parches en esa red que se busca tejer. Y entre más nos adentramos dentro del universo de cada quien más lo vamos teniendo del nuestro, creando mayores distorsiones. Por si fuera poco, todavía hay otro problema muy grande, tal vez incluso insoluble: el Universo es muy vasto, y por lo tanto, los universos individuales también lo son. ¿Quién podría darse a la tarea de unificar exitósamente todos esos criterios y visiones en una sola? Parece una tarea sobrehumana. Lo más que podemos aspirar a tener es un conjunto de distorsiones funcionales.



El que aspire a más es valiente al punto de ingenuidad. Para dar un ejemplo craso muchas veces me he topado con personas que han leído a X o Y autor y terminaron con una comprensión muy distinta a la propia (independiente de la validez de cualquiera de esas visiones) o viceversa. El camino del entendimiento verdadero entre dos mentes es poco transitado, y las más veces, me parece que más bien nos exploramos en los otros, en vez de realmente conocernos mutuamente. ¿Hacerlo como sociedad? Es muy difícil, se deben de usar trucos o puentes biológicos y culturales, en cuyo caso el aprendizaje es limitado.



Digamos que entra en nuestro pequeño universo un nuevo concepto y queremos saber más de ello. ¿Qué empezaríamos a hacer? Leeríamos a diferentes autores, algunos tal vez diciendo cosas muy distintas, algunos yendo en contra de ese concepto, incluso habrá otras posiciones que parecen decir lo mismo, pero en los detalles se genera una enorme polémica. ¿Cuál de esas posiciones nos veremos tentados a tomar? La que menos revolucione nuestra estabilidad, la que genere menos cambios.



Tal vez una de esas ideas genere una revolución que nos interese adoptar, y comenzaríamos a ver las cosas de forma distinta. Pero, ¡problema! Esa esfera que ha sido revolucionada (la anarquía) estaba entrelazada con diferentes esferas (como podrían ser los conceptos recaudación de impuestos y prisiones), que a su vez son parte de otras esferas (¿es la naturaleza del ser humano buena o mala?), y así se sigue ad infinitum. Y no todas esas esferas están en un mismo nivel, sino como buen universo, hay diferentes planos, en donde cada eje tiene un peso distinto. Si una idea no logra revolucionar una esfera —porque impera la fuerza de otra esfera mayor— no poseerá mucho poder de convencimiento.



Todo se vuelve muy complejo, a pesar de que en apariencia solo estamos hablando de una idea y su análisis debiera ser lineal. Pero esa revolución modifica muchas otras cosas, que pueden provocar varias distorsiones, algunas que nos sean aceptables y otras menos. ¿Cómo podrá entonces una persona convencer a otra que cree que el ser humano es malo por naturaleza y cuyo universo se basa en el orden? Aquella convicción podrá estar cimentada en otra serie de esferas de mayor valor para esa persona, y ambas personas pensarán que sus percepción del Universo son correctas. Peor aún: se logra revolucionar el pensamiento de alguien, lo que hace que esa esfera tome mayor peso y choque con otra. ¡Crisis!



¡En fin! El conocimiento es verdadero, la coherencia es posible y el Universo (abstracto y concreto) es muy vasto, por lo que necesitamos reconocer la complejidad y tener fluidez en nuestros criterios, para darle cabida a la creatividad interna, que podría armonizar esas esferas de una mejor manera que un método cualquiera, de formulación necesariamente rígida.



 

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