La Herencia Decadente y el Porvenir

¡Hijos pródigos, los eternos convalecientes que reniegan el volver a pisar la casa del padre de su padre! ¡Prole maldita que ve benevolencia en dirimir herencias buscando tesoros! Si se han apartado de todo camino y hundido las narices en el lodo, no pocas cosas de valor han encontrado. ¡Perros, les han dicho, pero perros truferos les digo yo!


¿Dónde empieza y dónde termina el decadentismo? No se podría decir, pues ha sido una quimera de una docena de caras y un centenar de plumas. La rigidez de los parnasianos se encuentra con la emotividad de los románticos, la desilusión de los viejos con el apasionamiento de la carne; todo bajo la búsqueda de hacer resurgir el espíritu a través de lo simbólico. Para muchos les podrá extrañar ver asociada la espiritualidad con éste movimiento, tan vilipendiado desde sus orígenes; sin embargo, la relación es clara: si bien, bajo un camino opuesto al de una religiosidad tradicional, los decadentes caminan a modo de santos ascetas, yendo más allá de los extremos de la sociedad.



No es de extrañar entonces que muchos literatos finiseculares hayan terminado sus vidas bajo la sombra de la religión. Lo mismo le pasó a Huysmans, de quién se dijo que tendría que escoger <<entre la boca de la pistola o el pie de la Cruz>> que a Wilde con su presunta confesión bajo lecho de muerte; bien se podría decir que el decadente natural es quien pierde la armonía entre sus partes estetas y ascetas.


No sería exagerar decir que dentro del decadentismo había una profunda espiritualidad al buscar conmocionar al espíritu a través de la estimulación de los sentidos por medio de lo fenomenal, el cerdo perdiéndose en el fango buscando joyas. Después del cansancio de la desilusión, generaciones con un gran ímpetu brillaban donde podían. ¿Es culpa suya que una sociedad materialista haya llevado las luces de los siglos anteriores hacia la más grande tiniebla? ¿Es culpa suya que la única luz que veían era la luz de lo artificial? ¡Qué más heroico que la sinceridad incluso en el abismo? Si la sociedad pretendía ahogar el Arte con lo falso y volver lo Bello en perverso, vendrían los santos remisos, los sacerdotes de negro a crear la Ética de lo ruin, deificar lo bizarro y crear la Estética de lo perverso. Todo con la más excelsa artesanía. ¡Que se coman eso los mojigatos! ¡Qué mayor placer que el escándalo de los hipócritas?


Precursores, imitadores y descendencia, todo natural y de esperar. Hubo decadentes en la Antigua Roma, como Petronio con su Satiricón, profetas de la desilusión que habiendo tragado la amargura proclamaron el porvenir a través del tumulto y el desenfreno; bien se podría decir que incluso el infame Sade, héroe de muchos decadentes franceses, traía a luz las mismas filosofías, si bien a través de un diferente camino; uno podría, tal vez, aventurar que en un ambiente tan cambiante y materialista como el actual, jóvenes rebeldes luchen por su libertad con tanto vigor que sonrojen a los faltos de espiritualidad.



Sólo podemos esperar que lo hagan con la misma vena lírica y maestría artística. Y la verdad es que es casi inevitable que sociedades tan decadentes carezcan de hoyos por los cuales espíritus sinceros se cuelen; y, habiendo escapado, vean con distancia aquella sociedad; y habiéndola visto como es en realidad, no sufran desencanto con la vida. La decadencia no se encuentra en los artistas, ellos sólo son el fiel reflejo de sus entornos. ¡Basta de crear culpas donde no las hay y volvamos la mirada adentro! ¡Fuera toda filosofía que se conforma, se agacha y no es crítica! ¡Fuera todo arte que no refleja y es honesto, pues carece de toda belleza!


¡Bienvenidos todos los desamparados, los de mente atenta y vista profunda! Sin que valga demasiado mi llamado, lo hago de todas formas: ¡llamo a la herencia de los profetas oscuros, hijos de los hijos de los condenados; reivindiquen a sus ancestros, vengan y destruyan lo que deba ser destruido! ¡Eleven el inframundo hasta el firmamento! ¡Dejen correr los ríos de fuego para los de oídos sordos! ¡Dejen a los huracanes y las mareas ahogar las vanidades y falsedades! Pero, habiéndose secado las mareas y extinguidose los huracanes, ya que el vaso de la vacuidad y el nihilismo haya sido bebido hasta la última gota, ayuden a construir. ¡No le canten odas a la Muerte, no vuelvan el inframundo que purifica en un infierno que mortifica! ¡Lleven sus vistas más lejos, hacia la reconstrucción, hacia el asentamiento de la verdadera Estética! ¡Cualquier espíritu cobarde que se rehuse, pretendiendo desconocer diamantes y amando la podredumbre, será como aquella sociedad decadente que cerró los ojos al fango de su creación! ¡No! ¡Encontremos la nobleza donde la haya, y donde no la veamos, hagámosla! ¡Ese es el verdadero mérito del Arte, el verdadero impulso de Vida, la verdadera Pasión del Hombre! Todo lo demás es una auténtica decadencia.



 

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