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EL BLUES DEL HOMBRE CIEGO I (de V): RAY CHARLES vs. STEVIE WONDER, circa 2004

Sí señores: en aquel año se despedía de este mundo don Ray Charles, el genio del piano, y uno de los más célebres invidentes del rocanrol y la buena música en general. Falleció tan sólo unos meses antes de que se estrenara su película biográfica, y por cierto: demos un gran aplauso también, para Jamie Foxx y Taylor Hackford y Ray Charles Jr., actor, director y productor ejecutivo de ese excelente filme, respectivamente.



Pero han ustedes de saber, que existieron muchos otros negros bluseros ciegos, que también merecen su canijo respeto, y aquí vamos a recordar a algunos, así que presten atención si no es mucha molestia, y si les interesa el tema, o si tienen otra cosa que hacer pues ya le están llegando, ¿no?, por favorcito: bien, bien, para los que siguen acá, regresen en el tiempo sin cerrar los ojos, y continúen leyendo este choro cegador, que se remonta a la primera generación del siglo pasado… Así es, volvamos a 1910, cuando la segregación racial era un castigo latente para todos los afroamericanos, es decir, negros nacidos en los Estados Unidos, todos nietos de esclavos traídos desde África. Pero aquel sufrimiento se transformó en música, cuando el jazz dejó de ser sólo un espectáculo para los blancos y se convirtió en una música oscura y triste, ideada por artistas de piel negra que vivieron la locura de las drogas duras, como parte de un estilo de vida nihilista, clásico de tantos rockeros modernos, pero hace ya más de cien años.



Y así, muchos negros (as), heredaron el incomparable talento de su raza para la música (y otros deportes, pinches rayados), así como la miseria y la drogadicción, a la siguiente generación de músicos, que inventaría el fundamento principal del rock and roll: el blues. Esta era una música nocturna, de antro, donde El Azul representa la melancolía de este pueblo, inspiración que antes fue religiosa, para la iglesia, pues mucho le debe al gospel, aunque este es más coral, y además, desde luego, jamás aceptaría muchos de los temas pecaminosos que maneja el blues: Ese ritmo descarriado que, por lo mismo, a veces también se pone festivo, para el reventón, pues es un medio de supervivencia del espíritu.



En otras palabras, el blues nace del dolor y la devoción espiritual de los afroamericanos, quienes mucha muerte tuvieron que padecer a manos de los mismos anglosajones, invasores y esclavistas, que los trajeron al continente americano. Son incontables los grandes personajes que dieron vida a este género de la música popular gringa, como Robert Johnson o Muddy Waters, (que tanto gustó a los rocanroleros de los sesenta: Eric Clapton, Bob Dylan o los Rolling Stones, y entre los jipitecas, el Three Souls in My Mind, o Javier Bátiz), pero de todos ellos, ya casi no queda ni una leyenda viva. Uno de los últimos en partir recientemente fue el virtuoso guitarrista B. B. King, quién todavía colaboró con el ya también extinto Dr. John, en una de sus mejores producciones con grandes invitados: el Nawlinz: Dis, Dat or Dudda (2004). También se escuchó a B.B. King en el último disco del entonces recién fallecido Ray Charles (Genius Loves Company, 2004), que se despidió así de este mundo, como un año antes lo hizo John Lee Hooker.



Pero algo llama nuestra atención particularmente con Ray, y es el sorprendente hecho de que pueda tocar tan bien, sin tener ojos (hasta podía disparar un revolver, con buena puntería, en la jaladísima película los Blues Brothers). Yo, al menos, desde niño conozco a este tío, y por alguna razón siempre lo comparaba con Stevie Wonder, a quién se le apoda precisamente “Maravilla”, por ser ciego y tocar el piano, así como por ser compositor desde muy temprana edad, y hasta el 2005, estuvo activo con su último LP: A Time to Love.



Pero yo, personalmente, siempre admiré más al tío Charles, imaginando una competencia invisible entre ellos dos, pues la música de Ray me fascinó desde que era sólo un escuincle, y llegué a subestimar bastante al Stevie, por fresón, pero me reconcilié con él, o aprecié su talento, cuando lo vi tocar “Blowing in the Wind” en el concierto de homenaje a Bob Dylan, logrando que una rola tan choteada, que ya la he oído hasta en las iglesias de mi rancho (Cuautla, Mugrelos, ahí tienen ustedes su humilde cantón) sonara como nueva, o mejor que nunca, pa mi gusto.



Por cierto que, un lejano martes 10 de mayo, de aquel 2005, el pequeño Stevie “Maravilla” presentó el primer “video” para invidentes, con una rola extraída de aquel material. Lo presentó tras un receso de casi diez años, y en aquel entonces, a sus 54 años de edad, Stevie seguía innovando con el video del sencillo “So what’s tha fuss”, del cual realizó una versión alternativa, donde se escucha una descripción del video realizada por el estrella del hip hop Busta Rimes, la cual pudo ser escuchada, (mezclada sobre la canción original), en los canales de televisión gringos que contaban con el sistema de audio de segundo idioma.



Pero aún así, mi favorito sigue siendo Ray Charles, igual que para muchos, me imagino, incluidos todos los realizadores de su biografía cinematográfica, Ray (2004), la cual, salvo por un final medio cursi, está bastante chida, así como el soundtrack correspondiente. Así pues, déjense guiar por este ciego, con la pista sonora póstuma de su filme biográfico, muy recomendables para familiarizarse con este maestro, para saber cómo bailaba el alma de míster Charles, dentro de ese cuerpo sin vista. Los que tengan oídos que escuchen, los que tengan ojos, que callen y bailen, ante el poder, casi sobrenatural, de sus dedos clarividentes sobre el piano.

Vale, nos leemos en las próximas entregas, donde viajaremos hasta los tiempos oscuros de otros grandes bluseros ciegos, como Blind Willie Johnson, Blind Willie McTell, y Blind "Lemon" Jefferson; Por si les interesa, no se lo pierdan, estimados amig@s de la interred, acá en esta Lokomotora.com, buen viaje!

(Fin de la primera parte, ¡Continuará!)



 

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